Crawl.
Venía a contarles sobre cosas que pasaron ayer, y algunas que ocurrieron hoy. Probablemente termine contándoles, pero primero irá algo que ocurrió hace unos pocos minutos.
Llamé a mi madre para saludarla. Hablamos sobre algunos temas (Snow) y le pedí permiso para ir con Izzy a comprar unas cosas que necesito. Cuando me estaba despidiendo, ella bajó el tono de voz y me dijo "Lucinda, usted sigue vomitando, ¿verdad?". No respondí. "Yo no soy tonta, Luce. Sé que usted sigue vomitando. Por favor, no se haga eso. Usted se va a enfermar. Usted se ve muy linda delgada, pero yo quiero que sea delgada porque aprendió a comer balanceado, no porque siga vomitando. Por favor, busque ayuda. Yo comprendo si usted no me quiere contar a mí sus cosas; respeto eso, pero por favor busque ayuda. Hable con alguien, dígale a su amiga nutricionista que le ayude a hacer un plan con el que pueda bajar de peso, pero se lo ruego, Luce, no siga vomitando."
Sigo llorando porque esto. Sólo no puedo. No puedo, no puedo, no puedo.
Me encantaría, ¿saben? Me encantaría no sentirme como una ballena todo el tiempo, pero no puedo. Sin importar cuánto peso marque la báscula, me siento igual.
No puedo buscar ayuda.
Lo siento.
Lo siento, lo siento, lo siento.
CONTINUACIÓN DE LA ENTRADA:
Ya logré calmar el llanto.
Snow está siendo una perra chillona otra vez, y eso me harta. Estoy completa y jodidamente HARTA de él.
¡Es tan malditamente desordenado!
Yo había dejado comida lista antier, y luego salí en la tarde. Cuando volví, la cocina estaba hecha un desastre. Todavía no comprendo cómo coño pudo hacerlo en tan poco tiempo. Le dije que no le haría almuerzo al día siguiente (ayer) si no lavaba los platos, y me dijo que los lavaba luego.
Cuando me desperté ayer, la cocina seguía igual. Maldije. Pero como no soporto que la cocina esté sucia, empecé a lavar los platos.
El maldito hijo de puta había dejado que alguna comida se pudriera (yo le había preguntado, y él me dijo que se la había comido). Maldije por lo alto y por lo bajo.
Con todo ese olor a putrefacción, terminé de lavar los platos. Como estaba HARTA y con ganas de matar a Snow, me cociné lo mío y ya.
En la tarde fui a la casa de Izzy. Lo que se suponía que iban a ser sólo un par de horas, terminaron siendo casi 10 horas de charla.
Hablamos, reímos, escuchamos música, etc.
Ella me dijo que hiciéramos algo en Halloween. Accedí encantada porque, aunque nunca me disfrazo, es mi día favorito del año. Ella me enseñó varios disfraces que tiene -al parecer todos los años se disfraza- y se le ocurrió la "magnífica" idea de disfrazarme. Me puso una falda, un corsé, y unos tacones altísimos. Milagrosamente pude caminar con ellos. Me sentí bonita mientras me veía en el espejo. Se me veían muy bonitas curvas, y no sé, sólo me sentía bonita.
A Izzy se le ocurrió otra "magnífica" idea (ésta sí no tenía nada de magnífica): Tomarme fotos para enviárselas a Cam.
Me tomó varias fotos, y sólo un pensamiento vino a mi cabeza: Parezco un maldito travesti.
Conservé las fotos como recordatorio para nunca más vestirme de esa manera, no volver a cortarme el cabello como lo tengo, y tener en cuenta que debo bajar más de peso. Obviamente, Cam jamás verá esas fotos.
En la noche, ambas teníamos hambre. Cometí uno de los errores más grandes.
Mandamos a pedir pizza. Generalmente, pedimos una pizza mediana (8 pedazos) y la comemos entre las 2. Esta vez pedimos en otro lugar. Fueron 2 pizzas medianas, Coca-Cola, y galletas.
Lo peor es que me comí toda mi pizza y 2 galletas, junto con 2 o 3 vasos de Coca-Cola. No quiero ni pensar en las calorías que consumí ayer. Maldita obesa de mierda. Gorda, gorda, ¡GORDA!
Aparte de eso, la tarde-noche con Izzy estuvo más que genial. Vimos una película, hablamos muchísimo, y también me enseñó un anime que a ella le encanta.
Cuando volví a mi casa -en la madrugada- Snow ya estaba dormido. 3 de las galletas que sobraron eran mías, así que las traje y las puse en el refrigerador.
Me sentí pésimo. Fea, gorda, sola. Tenía náusea, pero habían pasado horas desde que había terminado de comer así que vomitar no era una buena idea.
Me acosté en la cama, y lloré. Lloré porque soy una estúpida.
También me decidí a comer la mínima cantidad de calorías por el resto de la semana, y hacer mucho más ejercicio.
Después de la clase de aeróbicos, pasé por el súper a comprar Coca-Cola light, espinaca, y caldos para hacer sopas bajísimas en calorías. También venía dispuesta a hacer mi rutina de ejercicios -aún cuando la clase de aeróbicos me dejó exhausta- para perder más peso.
El problema fue que no pensé que mi madre me diría eso por teléfono.
Ahorita mismo no tengo hambre, ni ganas de hacer ejercicio. Ya no me importa mi peso, ya no me importa la operación, ya no me importa que me levanté sintiéndome hinchada y como un chico.
Ya no me importa nada.
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Allá, en un campo minado, leía tranquilamente. Su sonrisa se ensanchaba cada vez que veía lindas palabras. Pero cuidado, esa enorme sonrisa podría desfigurar su cara.