Estaba muy cerca de mí. Podía sentir calor emanar de su cuerpo, y oler su perfume. Su cabello azul flotando en el viento.
Me contaba cosas sobre su vida: Qué tal se llevaba con su familia, los juegos que le gustaban, lo mucho que le desagradaban ciertas actividades. Me comentó sobre sus sueños, y yo le escuchaba con mucha atención porque me estaba contando todo aquello que siempre morí por saber.
Después, silencio. Me miró y empezó a preguntarme cosas. Cosas de las cuales no había hablado. Qué me parecía X cosa, o qué opinaba sobre Y.
Una conversación que abarcaba varias cosas. Una conversación no tan trivial como creí que sería.
No pude evitarlo en un momento. Simplemente tomé su cara entre mis manos, y le di un beso en los labios. Fue apenas un roce, y apenas tuve conciencia de lo que estaba haciendo me aparté. O lo intenté. Cuando me estaba apartando, me acercó y me besó. Un beso largo y profundo.
Después me miró con sus ojos, esos grandes ojos color café, batiendo sus pestañas. Se veía tan inocente, tan diferente.
Todavía podía saborear sus labios...
Y desperté. Desperté de ese sueño en el cual alguien me veía desde esa perspectiva. Y me pregunté, ¿alguien alguna vez querrá algo así conmigo? ¿podría alguien quererme de esa manera?
Me odié. Me odié por necesitar afecto. Porque no quería ser esa persona que necesita ser amada por alguien más.
Porque no es suficiente, y nunca lo será.