domingo, 14 de septiembre de 2014

Salvo los restos, el resto está ausente.

Love.

Bueno, ya es oficial. Me faltan 5 kilos para llegar a mi meta. 
Creo que tal vez sí lo logre, ¿saben? Lo malo es que no sé si será suficiente -nunca es suficiente, nunca seré suficiente- y eso me preocupa.

También es oficial que me tendrán que operar. Lo veo todo como en una película, y es una completa mierda. No quiero que me operen, pero el problema es que el puto quiste no causará mi muerte, sólo dificultará las cosas para mí. 
Y vamos, ya con ser yo -un asco de persona- lo tengo bastante difícil como para dejar que un maldito quiste me joda más la existencia.
Aún así, no quiero que me operen. Me digo a mí misma "joder, ya sos fea, ¿y ahora con una cicatriz?", pero después caigo en razón de que estoy completamente llena de cicatrices que yo misma me he causado. Agh, que imbécil.
Y esas cicatrices nos llevan a otro punto. Mi madre quiso discutir conmigo por no estar usando la crema que compró para mis cicatrices. Ella terminó con un "Lucinda, usted no tiene idea de cuánto me duele saber que tiene eso", y yo con un "es MI cuerpo, ¿vale? Y también es mi vida." Que hermosa manera de decir las cosas, ¿no? Pero odio -completa y profundamente- que intente ser una madre a esta altura. Sé que ella siempre me ha querido, y siempre se ha preocupado por mí, pero nunca le importó esto. 
Si algún padre o madre me lee, les quiero dar un consejo: Si se dan cuenta de que su hijo sufre algún trastorno, o que se automutila, gritarles NO es una forma de ayudarles.

Iba a escribir la noticia del peso ayer, porque en su momento fue de alegría -un kilo menos, ¡vaya!- pero la maldita alegría no duró mucho. 
En la noche me recosté en la cama, después de haberme estado gritando mentalmente, a llorar.
Gorda, fea, monstruo. Nadie te quiere. Mírate, ¿quién podría quererte?
También tuve atracones que terminaron como de costumbre, así que hoy no quise pesarme. 
Estuve largos ratos frente al espejo mirando mi reflejo. 15 kilos perdidos, ¿y para qué? Para seguir pensando que no soy suficiente, para seguirme insultando, para seguirme comparando con otras chicas. Sos una mierda, que no se te olvide, perra.

No sé si a ustedes les pasa, pero yo soy de las que no pueden aceptar un cumplido. Además, los analizo mucho. Cada vez que alguien me dice "¡Que delgada estás, te ves muy guapa!" lo maquino y llego a un "Ahh, adelgacé y por eso estoy guapa. Entonces quiere decir que antes era fea por ser gorda. Es bueno saberlo."
El único que se ha "preocupado" por dejarme en claro que siempre he sido guapa es mi padre. Siempre que se refiere a cómo me veo me dice algo parecido a esto: "¡Que guapa estás! Me preocupa que estés tan delgada. Antes también eras guapa, muy guapa, pero ahora sos guapa de una manera diferente". 
Por supuesto, Lucinda la rompe-cumplidos puede analizar esto y caer en conclusiones que me llevan a pensar que lo "guapa" de antes era mi personalidad, y ahora se refiere a mi forma de pera y también a mi personalidad.

Si soy sincera, tengo una personalidad de mierda. 
Me altero fácilmente, me tomo las cosas muy personales, peleo todo el tiempo (nunca a golpes), mi humor es cambiante, si estoy leyendo probablemente te ignore porque me gustan más los libros que las personas, y si tengo los audífonos puestos no me los voy a quitar sólo para tener una conversación aburrida. 
Me río de todo, y soy una maldita hija de puta. También tengo un lado "dulce" pero no lo "saco" a menudo porque no me gusta que me lastimen. Además de que le tengo pánico -y horror- tanto al rechazo como al compromiso.

Lo único que verdaderamente me alegró fue despertar a las 3 a.m. y encontrar un mensaje de Cam.
Todavía no sé si realmente me gusta el chico. Tampoco pude despedirme, así que no cumplí mi "plan" para ver si yo le gusto.
Marnie me ha dicho que me arriesgue -te adoro, Marnie- pero no estoy segura.


Me gustan tus ojos
y la forma que me miras.
Me gusta tu sonrisa
y que siempre me dediques una sincera.
Me vuelve loca que seas tan dulce
porque eso quiere decir que te importo.
Me gusta que nunca intentas presionarme
y me haces reír como loca.
Me gusta cuando me abrazas
porque me siento protegida.
Me gusta cuando me cuentas sobre tu vida
ya que nunca lo haces con otras personas.
Me gusta no tener secretos contigo,
siempre siento que puedo contarte todo.
Y me gustaría que pudieras leer esto
para que no tengas que ver mi cara de dolor cuando me rechaces,
y sólo lo dejemos pasar
porque entre nosotros no pasará nada más.

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Allá, en un campo minado, leía tranquilamente. Su sonrisa se ensanchaba cada vez que veía lindas palabras. Pero cuidado, esa enorme sonrisa podría desfigurar su cara.