viernes, 25 de julio de 2014

It never ends

"-¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?- Le pregunté.
Negó con un gesto -Todo está acá, Luce, en mi cabeza."

Es que si supieras cuánto te entiendo...
Hoy ha sido un mal día, un muy mal día. No me refiero a la comida, sino a mí misma. Estoy pensando seriamente en irme. Ir lejos, a algún lugar, pero el problema no se solucionaría. No, porque todo está en mi cabeza, ¿no es así?
Odio que sea tan sencillo lastimarme. Un par de palabras pronunciadas por alguien, y siento que me desmorono. Ya no puedo hacerme la fuerte, no ahora. Desearía que no me importara, pero lo hace, y lo odio. Lo odio, lo odio, ¡joder, lo odio!
¿Por qué unas pocas palabras pueden lastimarme de esa manera? Obligándome a correr, encerrarme, y tumbarme en la cama mientras las lágrimas se resbalan por mis mejillas. Buscando las ventajas de el suicidio, encontrando muchas. Pero cuando pienso en las desventajas encuentro una. Sólo una.
En las ventajas pienso en todos los demás: padres, hermano, mejor amiga, el chico que me gusta, algunos amigos... Siempre pienso en cómo mejoraría sus vidas al salir permanentemente de ellas.
Cuando veo las desventajas pienso en mí, y en que si lo hago, nunca más veré sus ojos, o besaré sus labios. Soy una maldita egoísta.

Hoy ha sido un día fatal, eso es todo. Uno de muchos. Éstos nunca acaban, siempre vienen por más.

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Allá, en un campo minado, leía tranquilamente. Su sonrisa se ensanchaba cada vez que veía lindas palabras. Pero cuidado, esa enorme sonrisa podría desfigurar su cara.