Salí de hacer el examen, y me senté afuera del salón, igual que todos mis compañeros que lo habían terminado.
- Maldito examen. ¿Vos qué pusiste?
- Ni me preguntés, creo que salí mal.
- ¿Qué coño era la segunda?
- Ni puta idea.
Esas eran las conversaciones que más se escuchaban. Todos maldecían al profesor, y maldecían al curso.
Miré al cielo que empezaba a dejar ver a sus estrellas. Esas estrellas tan hermosas que iluminan mis noches.
Escuché la puerta abrirse. Era Levi. Se sentó a mi lado.
- Lucy, ¿qué coño fue eso?, ¿respondiste algo?
- Algo, sí, pero no creo que me vaya muy bien.
- En la segunda...
Y mi mente se desconectó. Seguí viendo a las estrellas, y cuando escuché que había terminado, le sonreí a Levi. No podía concentrarme en sus palabras, ni en él, ni en nadie a mi alrededor. Sólo podía ver las estrellas.
- Luce, ¿cómo te fue?
Miré hacia arriba. Era Cam. Le sonreí y le dije "mal". Él explicó sus dudas acerca del examen, mientras que otras personas salían, también maldiciendo.
Después de unos minutos, se armó un motín.
- ¡Yo digo que nos rebelemos!
- Yo no estaba hablando de eso... Yo dije que fuéramos a tomar un poco.
Y todos se unieron al motín. Todos querían descargar su pena, tristeza, y frustración en el alcohol.
- Luce, ¿vas?- me preguntó Cam.
Mi respuesta era obvia: no. Me sonrió y se dirigió a Levi.
- ¿Vas?- le preguntó.
- No, gracias, ando corto de plata.
Así fue como llegamos a quedar los dos solos.
- Lucy, tengo hambre. ¿Querés ir a comprar comida, o te quedás aquí?
Me puse de pie, y lo acompañé. No recuerdo sobre qué hablamos, sólo recuerdo que tenía frío.
- Espero que ningún hijo de puta nos haya quitado el campo.
- Tal vez llegaron amigos del hijo de puta que estaba sentado cerca...
Y así fue, cuando llegamos, habían más hijos de puta sentados donde nosotros habíamos estado. Me reí, y mis labios dejaron salir un "te lo dije".
Nos sentamos en otro lugar.
- Lucy... ¿querés?
- No, gracias.
- ¿Segura?, ¿no tenés hambre?
- Segura, Levi. Almorcé bien.
- No sé cómo hacés para que no te dé hambre. O tal vez sí te da hambre, pero te da pena cuando alguien te ofrece compartir su comida.
- No tengo hambre, en serio. A veces sí es por pena, pero esta vez es porque carezco de hambre. De todos modos, gracias.
Cuando terminó de comer, él puso su espalda contra la pared, y yo sólo le sonreí.
- Lucy, vení para acá.
Y así fue como terminamos sentados muy cerca. Sigo sin recordar sobre qué hablamos. Seguí viendo las estrellas mientras que Levi intentaba hacerme cosquillas.
Yo sólo reía, y a ratos sostenía sus manos para que ya no lo hiciera más, pero siempre volvíamos a lo mismo.
- Tenés las manos muy frías, Levi.
- ¿En serio?
Y tomó mis manos como si fueran una fuente de calor.
- El cuerpo que tiene más calor se lo pasa al cuerpo que tiene menos- me dijo.
Después puse la cabeza en su hombro, y él me abrazó. Tocó mi cabello, y pasaba su otra mano por mi mejilla y mi mentón. Luego, puso mi cabeza en su pecho, y no pude evitar sonreír. A ratos volvía a hacerme cosquillas, y yo sólo reía y tomaba sus manos.
- ¿A qué hora viene Snow por vos, Lucy?
- No estoy esperando a Snow.
- Creí que sí.
- No. Sé que te recogen tarde, y me quedé para hacerte compañía.
Me abrazó de nuevo. No era un abrazo típico, sino que como estábamos uno al lado del otro, pasaba sus brazos por mis hombros, y luego apretaba.
Pasamos otro rato así. Él tocando mi cabello, y yo sujetando su mano. A veces ponía su cabeza sobre la mía, otras veces besaba mi frente.
- Lucy, creo que ya llegaron por mí.
Me enderecé y le dije que fuera. Puso mi cabeza en su pecho otra vez, y me dijo que todavía no, que no importaba. Estuvimos así un rato más, y luego me dijo:
- ¿Te voy a dejar?
- No, no importa, puedo irme sola.
- ¿Segura?
- Sí.
- ¿Y si te pasa algo?
Solté una carcajada. - ¿Algo?
- Sí, ¿y si te violan?
- Las personas suelen tener mejores gustos.
Me miró fijamente. - Te voy a dejar.
- No, estaré bien. Ve, tu padre te está esperando.
- ¿Segura que no importa que te deje aquí sola?
- Completamente segura- le dije mientras sonreía.
Levi se levantó, se estiró, y puso su bolso sobre su espalda. Se inclinó sobre mí, y tomó mis manos, intentando levantarme.
- ¿Qué pasa, Levi?
- ¡Abrazame! Nadie me quiere- dijo mientras hacía su cara "triste".
Sonreí y lo abracé fuertemente.
Antes de irse me dijo que tuviera cuidado, y que le avisara cuando llegaba.
De nuevo me sentí impotente al tenerlo tan cerca y no poder hacer nada. No poder besarlo me está volviendo loca.
Oh, Levi, ¿qué me estás haciendo?
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Allá, en un campo minado, leía tranquilamente. Su sonrisa se ensanchaba cada vez que veía lindas palabras. Pero cuidado, esa enorme sonrisa podría desfigurar su cara.