jueves, 6 de marzo de 2014

The boy with the sweet smile

Había un chico, con una muy dulce sonrisa. Sus ojos se iluminaban cada vez que sonreía. 
El chico era un solitario. Algunas personas creían que era raro, que algo no estaba bien con él.
Pero su sonrisa era tranquilizante. Su sonrisa era un secreto.
El chico, con su cabellera negra y sus ojos claros. Con la sonrisa más dulce que se haya conocido alguna vez. Ese chico era muy sensible.
Cuando caminaba por los pasillos, la gente le gritaba "loco", "maldito", "brujo". Él no lo comprendía. No comprendía esos insultos. Nunca le había hecho daño a nadie, no intencionalmente.
El chico con su dulce sonrisa empezó a creer esto. Se dejó llevar por los comentarios.
No creía en espíritus, tampoco en maldiciones, así que se dejó llevar por la locura. 
Un día se presentó en su universidad, con una gabardina oscura. Ocultaba algo, eso lo noté.
Tomó sus armas, y empezó a disparar a todas las personas que estaban allí. Pasó así por todos los salones. Silbando tranquilamente mientras disparaba.
El horror era casi palpable. Se escuchaban los disparos, y los gritos.
Cuando llegó a la biblioteca, me miró. Me miró como si de pronto comprendiera todo. Me dedicó una de sus sonrisas, sus dulces sonrisas.
Esa es la última cosa que recuerdo antes de que me disparara directamente a la cabeza. 


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Allá, en un campo minado, leía tranquilamente. Su sonrisa se ensanchaba cada vez que veía lindas palabras. Pero cuidado, esa enorme sonrisa podría desfigurar su cara.